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Tratamiento del dolor cervical y mareos vinculados a la disfunción de la vesícula biliar

Tratamiento del dolor cervical y mareos
Índice

    La conexión entre el sistema visceral y la columna vertebral es más común de lo que parece. En particular, la vesícula biliar puede generar una serie de reflejos dolorosos que se manifiestan en la zona cervical, dorsal alta e incluso en la base del cráneo. Cuando esta víscera funciona de manera alterada, provoca tensiones musculares que suelen confundirse con contracturas mecánicas o posturales.

    Dolor cervical y cefaleas tensionales

    Uno de los primeros síntomas asociados a la disfunción biliar es el dolor cervical, especialmente en el lado izquierdo. Esta tensión sostenida asciende hacia la base del cráneo y genera cefaleas tensionales que pueden irradiarse hacia la frente o incluso hacia el ojo izquierdo. El exceso de tensión en la musculatura suboccipital también favorece la aparición de mareos y sensación de inestabilidad debido al compromiso del flujo sanguíneo hacia el cerebelo y el oído interno.

    Inestabilidad, mareos y confusión mental

    Cuando la alteración visceral afecta a la primera y segunda vértebra cervical, se comprimen estructuras vasculares que participan en el equilibrio. De ahí que muchos pacientes experimenten vértigos, sensación de borrachera, confusión mental y dificultad para caminar recto. Estos síntomas son un reflejo cervical producido por la disfunción de la vesícula.

    Contractura de trapecios y dolor interescapular

    La sensación de “llevar una mochila” sobre los hombros es otro signo habitual. Se trata de la contractura bilateral del trapecio, que aparece incluso sin esfuerzos físicos o sin pasar demasiadas horas frente al ordenador.
    A esto se suma un punto muy específico de dolor en la cuarta vértebra dorsal, que puede irradiarse hacia la escápula derecha. Muchos pacientes lo describen como un punzazo o una pequeña daga clavada en esa zona.

    Síntomas digestivos y sistémicos relacionados

    La alteración de la vesícula no solo afecta a la espalda. También pueden aparecer digestiones lentas, gases, sensación de pesadez e incluso dolor en el área donde se encuentra la vesícula, sobre todo al estar sentado. Aunque una ecografía no muestre cálculos, puede existir espasmo vesicular responsable de estas molestias.

    Problemas cutáneos, analíticos y cambios emocionales

    La alteración hepático-biliar puede manifestarse también a través de la piel, con picor, enrojecimiento o eccemas. A nivel analítico, pueden elevarse las transaminasas, el colesterol o los triglicéridos.
    Incluso el estado emocional se ve afectado: irritabilidad, carácter crítico, poca tolerancia y un sueño interrumpido entre las 3 y 4 de la mañana, momento vinculado energéticamente al hígado y la vesícula.

    La influencia emocional sobre la vesícula biliar

    Según la medicina oriental, la emoción que más altera a la vesícula es la amargura, el disgusto o las situaciones que “cuesta digerir”. El estrés intenso, las discusiones familiares, la pérdida de un ser querido o un conflicto laboral pueden desencadenar esta disfunción. Identificar la carga emocional es fundamental para iniciar la recuperación física.

    Alimentación recomendada para mejorar la función biliar

    El cuidado nutricional es parte clave del tratamiento. Algunos alimentos deben evitarse temporalmente para permitir que la vesícula se recupere.

    Alimentos que conviene reducir o eliminar

    • Naranja y mandarina en fases de estrés hepático-biliar.
    • Lácteos de origen animal (leche, queso, yogur), especialmente en personas de grupo sanguíneo A y O.
    • Cacao, porque aumenta la irritabilidad en situaciones de tensión emocional.
    • Dulces procesados y azúcar, que alteran el metabolismo hepático.
    • Café, especialmente si se sufre dolor de cabeza o tensión cervical vinculada a la vesícula.
    • Frituras y aceites recalentados.
    • Carnes rojas y embutidos, sobre todo de cerdo.
    • Alcohol.

    Alimentos que favorecen la función hepático-biliar

    • Todas las verduras (evitando el tomate frito por el aceite).
    • Todas las frutas excepto naranja y mandarina.
    • Legumbres, arroz —preferiblemente integral— y pescados, en especial los azules.
    • Frutos secos con moderación.
    • Aceite de oliva en crudo.

    Tratamiento natural con plantas medicinales

    Un apoyo fundamental es el uso de fitoterapia para mejorar la función de la vesícula. El tratamiento básico consiste en una mezcla de plantas a partes iguales: cardo mariano, menta, valeriana, diente de león, ortiga verde, tila, cola de caballo, salvia, verbena y azahar.
    Se recomienda preparar tres infusiones al día, una con cada comida.

    Variantes según los síntomas

    • Con ardor o acidez: añadir gotas de extracto de fumaria, diente de león y desmodium, además de carbón vegetal o un trozo de patata cruda en ayunas.
    • Con pesadez de hombros: añadir extractos de fumaria, ortiga verde, cola de caballo y valeriana.
    • Con ansiedad o presión en el pecho: añadir pasión flor, fumaria, ortiga y valeriana.
    • Con mareos: combinar espino blanco, fumaria y valeriana.
    • Con hipertensión: incluir extractos de olivo, abedul y espino blanco.

    El tratamiento debe mantenerse al menos durante uno o dos meses, ampliándose si los síntomas tienen un origen emocional prolongado.

    Apoyo físico mediante terapia manual

    Un fisioterapeuta u osteópata puede liberar las zonas cervicales, dorsales y musculares afectadas por la tensión visceral. Aunque el tratamiento manual alivia la sintomatología, solo será duradero si se acompaña de cuidados digestivos, manejo emocional y fitoterapia.

    Consideraciones ante la presencia de cálculos

    Si existen piedras en la vesícula, puede ser útil realizar una limpieza con sales de Epsom según el protocolo de Andreas Moritz. Este procedimiento busca facilitar la expulsión de los cálculos y reducir la sobrecarga en la vesícula.

    Muchos dolores cervicales, mareos y molestias dorsales tienen un origen más profundo del que solemos imaginar. La vesícula biliar, influida por la alimentación, el estrés y las emociones, puede generar síntomas que afectan a la estabilidad, la musculatura y el bienestar general. Cuidar la dieta, atender el mundo emocional, usar fitoterapia adecuada y recibir apoyo profesional permite recuperar el equilibrio y evitar que estos problemas se cronifiquen.