
Las molestias de piernas pesadas, la aparición de venas visibles y esa sensación de hinchazón son signos frecuentes en el día a día del mundo moderno. En este artículo te explico qué son las varices, por qué se producen y cómo puedes actuar para prevenirlas y tratarlas.
¿Qué son las varices y por qué aparecen?
Las varices son dilataciones de las venas superficiales, sobre todo en las piernas, que ocurren cuando el sistema de retorno venoso —esas venas que llevan la sangre de vuelta al corazón— empieza a fallar. Las venas tienen válvulas internas que impiden que la sangre retroceda; si estas válvulas están debilitadas o la vena se dilata, la sangre puede estancarse, provocando aumento de presión, hinchazón y deformación del vaso.
Este “fracaso del sistema de retorno venoso” es lo que desencadena las varices: las venas se agrandan, las paredes se adelgazan y la válvula deja de cerrar bien. Cuando eso sucede la sangre se acumula y se agrava la situación.
Además, las venas son más vulnerables que las arterias: su pared es más delgada y tienen que volver la sangre “cuesta arriba” (contra la gravedad, al corazón), por lo que dependen del músculo y del movimiento para ayudar al flujo.
Entre los factores que favorecen su aparición están:
- El sedentarismo, la falta de movimiento que impide que el “propulsor” muscular de las piernas empuje la sangre hacia arriba.
- El sobrepeso o exceso de presión en el vientre que dificulta el retorno sanguíneo.
- Sustancias que dañan las paredes vasculares como el tabaco, el azúcar elevado o los tóxicos en general.
- La genética, los cambios hormonales, la edad; factores sobre los que a menudo tenemos menos control.
- Posiciones prolongadas de pie o sentado, uso de ropa ajustada o tacones muy altos que comprometen la musculatura o la circulación.
De hecho, se ha observado que el sedentarismo y la obesidad son factores importantes para el riesgo de varices. Y aunque no siempre se puede evitarlas por completo (por ejemplo, la genética) sí se puede retrasar la progresión y mejorar los síntomas.
Estrategias para prevenir y aliviar las varices
Actividad y movimiento diario
Moverse es una de las formas más eficaces de activar la circulación. Hacer ejercicio suave, frecuente, es preferible a un entrenamiento intenso irregular. El músculo de la pantorrilla funciona como una “bomba” que impulsa la sangre hacia arriba. Consejos útiles: caminar todos los días, subir escaleras, hacer puntillas y talones, alternar entre estar sentado y levantado si trabajas en escritorio.
Evitar posiciones estáticas prolongadas
Permanecer muchas horas de pie o sentado sin cambiar de postura favorece el estancamiento de la sangre. Es recomendable levantarse cada cierto tiempo, mover los tobillos, estirarse y, al llegar a casa, elevar las piernas unos minutos para favorecer el retorno venoso.
Dieta, peso y hábitos tóxicos
Mantener un peso saludable reduce la presión sobre las venas. Una dieta rica en fruta, verdura, fibra y pobre en azúcares, sal y alimentos ultra-procesados protege la pared venosa. Evitar fumar es fundamental porque el tabaco daña los vasos sanguíneos. Estas medidas reducen el riesgo de dilatación venosa.
Hidroterapia y cuidado de la piel
Alternar duchas con agua caliente y fría —y terminar siempre con agua fría— ayuda a activar la circulación superficial. También es recomendable evitar calor excesivo (saunas, sol directo, estufas) que dilaten aún más las venas. Mantener la piel limpia, bien hidratada y masajeada desde el pie hacia la pierna también favorece el cuidado vascular.
Ropa adecuada y medias de compresión
Evita ropa muy ajustada en muslos, ingles o tobillos, cinturones prietos o tacones excesivamente altos, ya que limitan el flujo de retorno. Las medias de compresión pueden ser una buena ayuda, especialmente en días de pie prolongado o transporte prolongado. Pero lo ideal es estimular el propio sistema sin depender siempre de ellas.
Fitoterapia y plantas medicinales
Existen plantas que pueden ayudar a la circulación venosa: por ejemplo, el castaño de indias, el rusco, la hamamelis, la ortiga verde, el ciprés, la milenrama, entre otras. Al utilizarlas de forma variada (mezclas de varias hierbas) se puede ofrecer al cuerpo distintos estímulos. Es importante informarse bien y variar la mezcla para evitar “acostumbramiento”.
Reducir el estreñimiento y las presiones abdominales
El estreñimiento, los gases o la hinchazón abdominal ejercen una presión extra sobre la zona pélvica y las venas de las piernas, dificultando el retorno venoso. Mantener tránsito intestinal regular, evitar trayectos largos sin moverse (como vuelos) y cuidar la postura contribuye a una mejor circulación.
Prevención de la progresión
Aunque ya existan varices, adoptar estos hábitos puede evitar que progresen o que surjan nuevas. Por ejemplo, elevar las piernas varias veces al día, movilizar las extremidades inferiores, evitar exposición prolongada al calor, y llevar medias o compresión en momentos críticos (trabajo de pie, viajes).
Cuándo acudir al especialista
Si sientes dolor persistente, hinchazón, sensación de pesadez intensa, cambios en la piel (pigmentación, úlceras) o sospechas de reflujo venoso, es aconsejable consultar un especialista en circulación. Las varices no son solo un tema estético: pueden conllevar riesgos mayores si no se tratan.
Incorporar rutinas con constancia
El éxito está en lo continuo, no en lo puntual. Hacer ejercicio suave todos los días, alternar duchas, controlar el peso, evitar malos hábitos: todo suma. Una rutina sencilla y constante vale más que esfuerzos puntuales intensos.
Finalmente…
Al comprender bien qué son las varices —su origen en el retorno venoso y en la dilatación de las válvulas— puedes adoptar una visión activa: no solo “esperar que mejore”, sino apoyar tu sistema circulatorio diariamente. Con movimiento, buenos hábitos, cuidado de la piel y atención a los factores de riesgo, puedes mejorar la salud de tus piernas, reducir molestias y retrasar la progresión de las venas varicosas. Estos consejos te dan herramientas para actuar ahora y mejorar tu calidad de vida.
