
Las lesiones de rodilla ligamentosas son cada vez más comunes, sobre todo en quienes practican deporte con frecuencia. En este artículo explorarás cómo reconocer que tu rodilla podría tener un problema de ligamentos —lo que comúnmente llamamos un esguince de rodilla—, identificar qué ligamento podría estar afectado, cuál es el grado de la lesión y cuándo es preciso acudir al especialista.
Zonas de lesión de ligamentos en la rodilla
En la rodilla existen varias estructuras ligamentosas que aportan estabilidad. Las principales implicadas en esguinces o roturas son:
- El ligamento lateral externo (parte externa de la rodilla)
- El ligamento lateral interno (parte interna de la rodilla)
- Los ligamentos cruzados (en el centro de la articulación: el anterior y el posterior)
Para que se produzca una lesión de ligamento, normalmente debe haber un traumatismo previo: una caída, una torcedura brusca, un golpe o un gesto repentino que “dobla” la rodilla. Si no recuerdas un hecho claro, posiblemente sea otra lesión (como una sobrecarga o tendinitis) y no un esguince de ligamento puro.
Ligamento lateral interno
Este ligamento se ubica en la parte interna de la rodilla y su función es impedir que la rodilla “se abra” hacia ese lado. La persona puede sentir dolor intenso al palpar la zona interna justo donde conecta fémur y tibia. Es habitual que haya inflamación localizada, y que al intentar “abrir” la rodilla hacia fuera (moviendo la tibia respecto al fémur) aparezca dolor fuerte.
Si notas: dolor inmediato tras el traumatismo, inflamación en la zona interna, dolor al palpar y al mover en tensión el ligamento → cabe sospechar una lesión de este ligamento.
Ligamento lateral externo
Menos habitual que el interno, este ligamento se encuentra en la parte externa de la rodilla, conectando cabeza del peroné con fémur. El mecanismo de lesión suele venir por fuerzas que “abren” la rodilla hacia el exterior. Los síntomas: dolor intenso en la zona externa, variante palpable de un “cordón” que se tensa al mover la rodilla en cierto modo, inflamación localizada. La prueba de tensión consiste en bloquear la tibia y empujar la rodilla hacia el exterior; si duele mucho, podría estar implicado.
Ligamentos cruzados (especialmente el anterior)
Estas lesiones son las más serias. El ligamento cruzado anterior (LCA) es frecuentemente el implicado, sobre todo en gestos violentos, cambios de dirección bruscos o impactos directos. Los síntomas más claros incluyen: sensación de “algo se rompió”, posible crujido o pop al lesionarse, fuerte hinchazón, formación de líquido o sangre en la rodilla, inestabilidad al cargar peso, “cajón anterior” (la tibia se mueve hacia adelante más de lo esperado) al examinar la rodilla. Una rotura del LCA suele requerir cirugía para la reparación en muchos casos.
Cómo identificar que realmente puede haber una lesión de ligamento
Para saber si la rodilla está lesionada ligamentosamente, conviene fijarse en estos elementos clave:
Traumatismo previo
Debe existir un antecedente: un giro forzado, una caída, una entrada violenta en deporte. Si no hay un evento claro que desencadenó el dolor, es menos probable que sea un esguince de ligamento.
Dolor localizado y sensibilidad al tacto
Palpa la zona de la rodilla según el ligamento que sospeches: lado interno, lado externo o en el centro. Si al tocarla duele mucho, hay tumefacción en esa zona y al mover la rodilla en la dirección que tensa ese ligamento se incrementa el dolor, es un indicio importante.
Prueba de tensión del ligamento
- Para el ligamento interno: con la rodilla ligeramente doblada, bloqueas la tibia y empujas hacia fuera como si quisieras abrir la rodilla; si duele mucho y aparece movimiento, es sospechoso.
- Para el ligamento externo: similar, bloqueas la tibia y empujas hacia el interior o haces el movimiento que tensaría el ligamento externo, buscando dolor.
- Para el ligamento cruzado anterior: el test del “cajón anterior”: con la rodilla flexionada se tira de la tibia hacia adelante comparando con la otra rodilla; si la tibia se mueve más de lo normal, hay alta sospecha de rotura del LCA.
Inflamación, derrame o sensación de inestabilidad
- Si la lesión es de ligamentos colaterales (interno o externo), la inflamación suele estar localizada al lado afectado.
- Si la lesión es del ligamento cruzado, la inflamación puede ser general en la rodilla, puede haber líquido intraarticular (derrame), la rodilla puede “ceder” o dar la sensación de que no la controlas. Además, si aparece sensación de “atasco” o “bloqueo” de la rodilla, puede haber también lesión de menisco asociada.
Grado de la lesión
Las lesiones de ligamento se clasifican habitualmente en grados:
- Grado I: estiramiento del ligamento, pocas fibras dañadas, estabilidad aún razonable.
- Grado II: desgarro parcial, dolor significativo, cierta inestabilidad moderada.
- Grado III: rotura completa del ligamento, inestabilidad clara, muchas fibras rotas.
Si la rodilla está tan dolorida que no puedes apenas apoyar el peso, o hay una inestabilidad clara, o la rodilla no mejora con el tiempo, hay que pensar que la lesión puede ser grave.
Cuándo acudir al especialista y cómo se diagnostica
Si sospechas que tienes una lesión de ligamento en la rodilla, estos son los pasos que conviene saber.
Pruebas de imagen y diagnóstico
- La radiografía puede ser útil para descartar fracturas óseas, pero no permite ver bien los ligamentos.
- La ecografía puede servir para ligamentos superficiales (como los colaterales) ya que los visualiza mejor.
- La resonancia magnética (RM) es la prueba de elección cuando se sospecha lesión grave de ligamento cruzado, menisco o múltiples estructuras articulares. Permite valorar la extensión del daño, si está involucrado un menisco asociado o cualquier otra lesión articular.
Cuándo no demorar la consulta
- Si hubo un traumatismo claro y desde el principio fuerte dolor, hinchazón rápida, o sensación de “pop” o “crack” en la rodilla.
- Si la rodilla está muy hinchada, aparece líquido, no puedes soportar peso o la articulación se siente “floja”.
- Si después de unos días la rodilla no mejora, sigue inflamada o dan recaídas y/o aparece sensación de bloqueo o inestabilidad: podría haber menisco o daño articular adicional.
En esos casos, lo responsable es acudir a un traumatólogo o especialista en rodilla para valoración.
Qué esperar tras el diagnóstico
- Para lesiones leves de ligamentos colaterales: tratamiento conservador (reposo, hielo, compresión, elevación, fisioterapia) puede ser suficiente.
- Para rotura de ligamento cruzado (o múltiples ligamentos) o cuando hay inestabilidad grave: probablemente cirugía + un plan de rehabilitación intensivo. El periodo de recuperación puede extenderse varios meses.
- En todos los casos, la rehabilitación es clave: fortalecer los músculos que rodean la rodilla, recuperar rango de movimiento y evitar recaídas.
Aplicando estos criterios podrás tener una buena idea de si tu rodilla podría tener un esguince de ligamento o una rotura, y qué pasos seguir. Ante la duda: mejor que lo revise un especialista para evitar complicaciones a largo plazo.
