
La tendinitis del supraespinoso, también conocida como tendinitis del manguito rotador, es una de las causas más frecuentes de dolor en el hombro. Afecta principalmente al tendón del músculo supraespinoso, una estructura pequeña pero fundamental que permite elevar el brazo y mantener estable la articulación del hombro. Aunque suele asociarse con sobreuso o lesiones, sus causas pueden ser mucho más complejas e involucrar factores mecánicos, posturales, cervicales e incluso viscerales.
Para entender esta lesión, hay que conocer brevemente la anatomía del hombro. El manguito rotador está formado por un conjunto de músculos y tendones que rodean la cabeza del húmero y permiten que el brazo gire, se eleve y mantenga estabilidad. El supraespinoso se origina en la parte superior de la escápula y pasa por un estrecho túnel bajo una prominencia ósea llamada acromion. Este tendón se inserta en la parte superior del húmero, y su función principal es ayudar a elevar el brazo hacia afuera.
Cuando todo funciona correctamente, el movimiento es fluido y sin fricción. Pero si el tendón pierde fuerza o elasticidad, o si el espacio subacromial (el “túnel” por donde pasa) se reduce, aparece un fenómeno conocido como síndrome de impacto subacromial. En este caso, el tendón del supraespinoso roza contra el hueso del acromion cada vez que se eleva el brazo, lo que genera irritación, inflamación y, con el tiempo, degeneración del tejido. Ese rozamiento constante se convierte en el punto de partida de la tendinitis.
Las causas de esta alteración son variadas. Por un lado, están los factores traumáticos, como una caída sobre el hombro, el brazo o el codo, o un tirón brusco durante una actividad deportiva. En estos casos, el tendón puede lesionarse de forma repentina, e incluso llegar a desgarrarse. Pero, con más frecuencia, la tendinitis del supraespinoso es consecuencia de microtraumatismos repetidos: gestos cotidianos realizados durante años que implican elevar los brazos, cargar peso o mantener posturas inadecuadas. Con el tiempo, el tendón se fatiga, pierde capacidad de deslizamiento y empieza a inflamarse.
Sin embargo, existen causas menos evidentes que no dependen de golpes ni de sobreuso. Entre ellas están las de origen visceral, que son particularmente interesantes porque explican muchos casos de tendinitis sin causa aparente. El hombro derecho se relaciona de manera muy estrecha con el funcionamiento del hígado, mientras que el hombro izquierdo guarda relación con el estómago. Esto no significa que exista una enfermedad orgánica, sino un desequilibrio funcional: cuando el hígado o el estómago no trabajan de forma óptima —por sobrecarga alimentaria, estrés o tensión emocional— pueden generar reflejos que alteran la movilidad y la tensión muscular de la zona del hombro correspondiente.
En el caso del hígado, los residuos metabólicos o sustancias como el ácido úrico y el calcio pueden acumularse y favorecer la aparición de microcalcificaciones en los tendones del hombro. Estas pequeñas calcificaciones, a veces visibles en radiografías, incrementan la fricción y la inflamación, empeorando el cuadro doloroso. Además, este tipo de desequilibrio interno puede provocar rigidez en las vértebras cervicales bajas, especialmente en el lado afectado, alterando la coordinación entre cuello y hombro y provocando un mal funcionamiento del movimiento de elevación.
Por otro lado, las tensiones reflejas que parten del hígado o del estómago pueden hacer que los músculos anteriores, como el pectoral mayor, se mantengan demasiado acortados. Este acortamiento empuja el hombro hacia adelante y obliga a los músculos posteriores, los que conforman el manguito rotador, a trabajar estirados y bajo constante tracción. En ese escenario, cualquier esfuerzo adicional —un gesto cotidiano, levantar una bolsa o simplemente estirar el brazo— puede provocar una inflamación inmediata del tendón del supraespinoso.
No es raro encontrar personas con tendinitis de hombro que nunca han practicado deportes ni han tenido lesiones. Profesiones aparentemente poco exigentes físicamente, como docentes o administrativos, presentan con frecuencia este tipo de dolencia, lo que demuestra que no siempre se trata de un problema de esfuerzo mecánico, sino de equilibrio corporal general.
A nivel sintomático, la tendinitis del supraespinoso suele manifestarse con dolor al elevar el brazo, especialmente entre los 60 y 120 grados de movimiento. También puede sentirse molestia al peinarse, vestirse o al dormir sobre el hombro afectado. En fases más avanzadas, el dolor puede aparecer incluso en reposo, irradiarse hacia el brazo e impedir el descanso nocturno. La debilidad y la rigidez son otros síntomas comunes, y en ocasiones la movilidad queda tan limitada que se confunde con un cuadro de “hombro congelado”.
El tratamiento de esta tendinitis no debe centrarse únicamente en el hombro. Aunque los antiinflamatorios, el reposo relativo y los masajes pueden aliviar los síntomas, el problema tiende a reaparecer si no se corrigen las causas profundas. Abordar la postura, liberar las tensiones cervicales, relajar los músculos pectorales y restablecer la movilidad escapular son pasos esenciales. En paralelo, prestar atención al estado digestivo, al manejo del estrés y a la alimentación puede marcar una gran diferencia, sobre todo en casos crónicos o recurrentes.
En definitiva, la tendinitis del supraespinoso es mucho más que una simple inflamación de un tendón. Es el resultado de un desequilibrio entre estructuras que deberían trabajar en armonía: músculos, articulaciones, órganos y emociones. Cuando se comprende esta conexión y se actúa de forma global, el dolor deja de ser solo una molestia local para convertirse en una oportunidad de restablecer el equilibrio del cuerpo entero.
